viernes, 23 de febrero de 2024

China al Descubierto: Lo Bueno, lo Malo, lo Feo y lo Espeluznante

 

El comunismo, esa utopía convertida en distopia, continúa extendiendo su larga y siniestra sombra sobre la historia contemporánea. China, gobernada por el Partido Comunista desde 1949, encarna como ningún otro país las paradojas del marxismo en el siglo XXI.

Detrás de su faceta de potencia tecnológica, China oculta el lado más oscuro del totalitarismo. El régimen dictatorial del presidente Xi Jinping ha construido un sistema orwelliano de control social y vigilancia masiva sobre los individuos, erosionando sistemáticamente las libertades individuales.

Así, mientras 850 millones de chinos salieron de la pobreza, más de un millón de uigures sufren detenciones arbitrarias y abusos bajo el eufemismo de “campos de reeducación”. El omnipresente sistema de crédito social, con sus códigos QR que regularon los movimientos durante la pandemia, fue un experimento que no ha sido descartado y esto no hace más que exacerbar a niveles muy preocupantes el autoritarismo pleno del Estado.

El saldo global del comunismo en el siglo XX es escalofriante: se estima que provocó unos 150 millones de muertes entre gulags, hambrunas, masacres y genocidios. China no escapa a esta macabra estadística, ya que se estima que el comunismo en China ha causado la muerte de aproximadamente 82 millones de personas. Esta cifra incluye víctimas de hambrunas, purgas políticas, represión y otros actos de violencia estatal.

Hoy el expansionismo chino y la represión interna son las dos caras de una misma moneda. Mientras crece la presión sobre la isla rebelde de Taiwán, en el frente interno se sofoca cualquier vestigio de disidencia.

¿Hacia dónde conduce esta peligrosa combinación de capitalismo de Estado y neocomunismo high-tech? Es la interrogante que está dando forma al siglo XXI, con una China convertida simultáneamente en el mayor laboratorio del progreso técnico y a su vez, de las distopías políticas más macabras.

Lo Bueno: Auge Económico y Avances Tecnológicos

El espectacular despegue económico de China en las últimas cuatro décadas es la mayor hazaña capitalista desde la revolución industrial. De ser una economía agraria retrasada, pasó a convertirse en la fábrica del mundo, luego en potencia exportadora y finalmente en la segunda superpotencia global.

Este “milagro chino” ha mejorado exponencialmente el nivel de vida de cientos de millones de personas. 850 millones de chinos salieron de la pobreza extrema gracias a la implementación de reformas promercado por parte del régimen comunista, en un giro pragmático sin parangón en la historia contemporánea.

Asimismo, la expectativa de vida pasó de 68 años en 1981 a 76 en la actualidad. Estas espectaculares cifras son el mejor termómetro del radical cambio en las condiciones materiales experimentado por la sociedad china gracias a la adopción de políticas capitalistas.

China no solo es el gran taller manufacturero del orbe; también se ha convertido en una usina de innovación tecnológica. Con 19 centros de desarrollo tecnológico, 420 agencias para transferencia de conocimientos y 40 mercados para intercambio de patentes, el gigante asiático compite ya de igual a igual con Occidente. Ejemplos como el dominio casi monopólico en tecnología 5G, el liderazgo en inteligencia artificial (con más patentes que EE. UU.) y el récord en velocidad y escala de adopción de innovaciones, indican que China se consolida como facilitador global de la economía high tech.

Sin embargo, prácticas poco ortodoxas como el robo y la copia desenfrenada de propiedad intelectual generan roces y desconfianza creciente. Surgen así interrogantes cruciales: ¿convivirán pacíficamente la innovación china y la occidental? ¿O estamos ante los albores de una nueva guerra fría, esta vez por la supremacía tecnológica?

Lo Malo: Comunismo Arraigado y Desafíos Socioeconómicos

 China, segunda potencia mundial, sigue anclada a uno de los regímenes más represivos del orbe. El Partido Comunista Chino ejerce un control asfixiante sobre todas las palancas del poder: burocracia estatal, fuerzas armadas, medios de comunicación, universidades y sector privado. Su longevidad -más de 70 años en el gobierno- no tiene parangón entre las tiranías contemporáneas.

Detrás de la épica del desarrollo económico se esconde una realidad siniestra de sometimiento político y violación masiva de derechos humanos.

A pesar del giro capitalista de las últimas décadas, el Estado conserva un rol protagónico en sectores neurálgicos: energía, telecomunicaciones, transporte aéreo, petróleo, carbón, navegación. Los dictados del Partido siempre anteponen la primacía política a la lógica económica. Esta simbiosis entre capitalismo de Estado y comunismo de mercado dificulta pronosticar la trayectoria de China.

Pero de lo que no hay duda es que el gran salto económico no ha venido acompañado de una mayor apertura política. Todo lo contrario, la distopía orweliana se ha sofisticado con nuevas tecnologías de vigilancia y control que anulan las libertades individuales, de religión, información y más.  El totalitarismo no permite resquicios para la disidencia.

¿Logrará esta explosiva combinación de represión política y expansión económica prolongarse indefinidamente? ¿O se avecinan tormentas internas ante las que ni siquiera el todopoderoso Partido Comunista Chino podrá salir ileso?

Lo Feo: Metamorfosis Totalitaria en la Era Digital

Imagínense despertar cada mañana y que un algoritmo dictamine su valor como ser humano. Así funciona el sistema de control social “Made in China”, una distopía que ni Orwell ni Huxley consiguieron vaticinar. Cada movimiento, interacción y elección es observado, cuantificado, y juzgado. El Gran Hermano electrónico lo sabe todo, y su poder es absoluto.

Con más de 400 millones de cámaras CCTV y avanzadas técnicas de reconocimiento facial, no quedan resquicios para lo íntimo. Cualquier atisbo de disidencia es detectado y corregido incluso antes de concretarse. La masificación de la inteligencia artificial al servicio del control social marca un punto de inflexión orwelliano.

Así, cuando el COVID amenazaba al mundo, China respondió confinando ciudades enteras, restringiendo movimientos mediante códigos QR y anulando así por completo las libertades individuales. Fue un pacto faustiano aceptado por millones a cambio o en nombre de la estabilidad y la salud.

Lo Espeluznante: violación de derechos humanos y exportación de un modelo totalitario opresivo

Más de un millón de uigures (etnia de origen turco y de religión islámica) sufren una persecución tecnológica sin precedentes: obligados a realizar trabajos forzosos y sometidos a esterilizaciones masivas después de ser encerrados en campos de concentración del siglo XXI. Un horror que solo es posible gracias al big data, la inteligencia artificial y el reconocimiento facial. Un genocidio orquestado por algoritmos.

De igual manera, el expansionismo sobre Taiwán, considerada provincia rebelde por Beijing, siembra el temor fundado de una invasión que desestabilice gravemente la región Asia-Pacífico. El objetivo: aniquilar una de las democracias más vibrantes y avanzadas tecnológicamente del orbe.

A medida que China amplía su influencia global, exporta su modelo autoritario de manera agresiva. Un ejemplo destacado son las "ciudades de 15 minutos", como en Oxford, donde, bajo el pretexto del cambio climático, se ha hecho una prueba donde se restringe la movilidad. La población se divide en seis zonas, y para moverse entre ellas, los ciudadanos deben solicitar permisos limitados, generando una especie de limitación de derechos al estilo de los Juegos del Hambre. Esta práctica no solo limita la libertad de movimiento, sino que también crea divisiones sociales basadas en la situación económica, violando principios fundamentales de equidad y derechos individuales.

Conclusión

Ningún politólogo o futurista pudo imaginar este experimento a gran escala: comunismo, capitalismo de estado y tecnología de punta combinados para crear un sistema de control social omnímodo y absoluto. ¿Estamos ante el ocaso definitivo de la libertad individual o se trata solo de una pesadilla transitoria?

Por ahora, cientos de millones optan por la estabilidad y la prosperidad material a costa de las libertades que brinda la democracia. Pero surge una interrogante escalofriante: ¿cuánto tiempo más estará dispuesta la mayoría a pagar este precio por el progreso económico? ¿Y qué ocurrirá el día que la balanza se incline al otro lado?

Si de algo no hay duda es que este experimento chino marcará el destino del siglo XXI. Para bien o para mal.

 

viernes, 16 de febrero de 2024

Cómo las empresas y startups impactan positivamente a las naciones

 

"Las naciones más prósperas tienen un denominador común: empresas y startups visionarias."

Las empresas y startups tecnológicas están cambiando significativamente no solo las economías, sino también las sociedades en todo el globo terráqueo. Su impacto va más allá de solo estimular el crecimiento económico; estas compañías están empoderando a millones de ciudadanos, están combatiendo la desigualdad y construyendo comunidades más unidas y eficientes.

Según un informe reciente de la UNCTAD, en el año 2021, la economía digital representó el 15.5% del PIB global, habiendo crecido un 60% en los últimos 15 años. Se estima que para el 2025, esta economía valdrá más de $23 billones. Como podemos ver, las empresas tecnológicas están impulsando una nueva era de prosperidad global.

Pero la tecnología no solo está enriqueciendo a unas cuantas empresas, sino distribuyendo oportunidades más ampliamente. Por ejemplo, plataformas como Etsy y Shopify están permitiendo a más de 100 millones de emprendedores lanzar sus propios negocios digitales. Mientras tanto, servicios FinTech están bancarizando por primera vez a miles de millones en países en desarrollo.

Además de expandir la actividad económica, las startups también están fortaleciendo valores democráticos fundamentales. Redes sociales descentralizadas basadas en blockchain están devolviendo el control sobre datos personales a los usuarios. Organizaciones sin fines de lucro están implementando sistemas de votación transparentes utilizando blockchain para así fortalecer los procesos electorales. Y nuevas aplicaciones de verificación de hechos, están combatiendo activamente la expansión de noticias falsas.

Es más que visible el impacto positivo de estas innovadoras empresas que están literalmente reconstruyendo nuestras economías y sociedades para beneficiarnos a todos.

Impulsando la innovación y la competitividad a través de la adopción de tecnología y el desarrollo de ecosistemas emprendedores

Una tormenta perfecta de innovación tecnológica y espíritu emprendedor está revolucionando industrias enteras ante nuestros ojos. Nuevas empresas tecnológicas están liderando la adopción de avances como la inteligencia artificial, el big data y la computación en la nube a una velocidad de vértigo. Se estima que para el 2025, el 90% de las startups utilizarán al menos una tecnología de vanguardia en sus operaciones.

Estas empresas no solo adoptan tecnologías, sino que además están configurando el futuro a través del desarrollo de ecosistemas locales de innovación. Tan solo California, alberga a más de 10,000 startups de alto impacto, las cuales han recibido $334 billones en financiamiento en la última década. Este boom emprendedor no muestra signos de desaceleración, con más de 1,800 nuevas startups lanzándose anualmente en el estado.

Estas empresas están impulsando una era dorada de competitividad e innovación a nivel global. Países que logren emular este círculo virtuoso entre emprendimiento tecnológico y adopción de nuevas tecnologías, obtendrán una clara ventaja económica en las próximas décadas. La carrera ya comenzó y aquellos rezagados enfrentarán un futuro incierto.

Avanzando hacia sociedades más libres y democráticas

Algo que pocos notan es que, muchas empresas y startups tecnológicas se han convertido en adalides de valores democráticos y libertades individuales en todo el mundo (entre otras, Appsamblea, Citibeats y Datasketch). Este tipo de empresas están empoderando al ciudadano común con herramientas para proteger sus derechos frente a regímenes autoritarios en ascenso. Plataformas descentralizadas sustentadas en blockchain están devolviendo el control sobre datos personales, libertad de expresión y transacciones financieras a manos de los usuarios.

Asimismo, innovadores sistemas electorales desarrollados por startups están combatiendo el fraude y garantizando integridad en los comicios, incluso en democracias frágiles. Países como Filipinas y Taiwán ya implementaron exitosamente tecnologías como blockchain para transparentar procesos electorales y restaurar la confianza pública en las urnas.

Además, redes sociales y plataformas de verificación de información se han vuelto guardianes contra la avalancha global de noticias falsas y desinformación. Tan solo en 2021, se removieron 126 millones de contenidos engañosos en línea, previniendo potenciales episodios de manipulación social.

Robusteciendo el bienestar y la equidad en la sociedad

Más allá de beneficios netamente económicos, las empresas tecnológicas se han consolidado como campeonas del bienestar humano en países desarrollados y en vías de desarrollo por igual. Plataformas de telemedicina están llevando servicios de salud esenciales a cientos de millones de personas sin infraestructura previa. Startups están innovando con tecnologías desde la inteligencia artificial hasta la realidad virtual para acortar brechas educativas donde las instituciones tradicionales han fallado.

Las criptomonedas y soluciones fintech de banca móvil también están democratizando servicios financieros hacia comunidades históricamente no bancarizadas. Y gracias a las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea, grupos marginados y diásporas dispersas pueden forjar solidaridad y coordinar movimientos de cambio social a pesar de las distancias. Estas innovaciones del sector privado están elevando la calidad de vida de forma significativa y apuntan hacia un futuro definitivamente más justo y equitativo.

Conclusión y visión de futuro

Estamos siendo testigos de cómo estas empresas y startups prometeicas desatan las fuerzas más disruptivas y al mismo tiempo positivas de la innovación sobre nuestras economías y sociedades. En muy pocos años y contra todo pronóstico, startups e impetuosos emprendedores han logrado emular el mítico Big Bang que dio origen al cosmos: caos absoluto y perfecto de donde emerge un nuevo orden superior. Así, del torrente cuántico de bits, datos y tecnología de punta, han surgido motores de progreso tan poderosos que llegaron para reinventar paradigmas sobre cómo creamos riqueza, se ejerce el poder y se distribuyen las oportunidades.

Empresas que partieron de garajes, universidades y pequeños laboratorios, hoy coordinan la más ambiciosa misión jamás concebida: la de llevar bienestar, equidad y libertad a todos los rincones del planeta. Sus fundadores son ya nuevos faros que guían a la humanidad, verdaderos héroes de las eras digitales venideras.

Pero su labor dista de estar completa, aún existen brechas que cerrar y amenazas que enfrentar. No tengo duda alguna de que las startups y empresas con propósito seguirán redefiniendo la prosperidad y potenciando las libertades y también irán fortaleciendo y reinventando el muy amenazado sistema democrático.

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viernes, 9 de febrero de 2024

La Cuarta Revolución Industrial: Un Nuevo Amanecer gracias a la Tecnología

 

La historia de la humanidad podría resumirse como una búsqueda incesante de progreso a través de la tecnología. Desde la revolución agrícola hace 12.000 años, pasando por la revolución industrial en el siglo XVIII, hemos empleado herramientas y conocimientos técnicos para transformar drásticamente la sociedad.

Hoy nos encontramos en los albores de una nueva era: la era digital. Tan solo en la última década, los avances tecnológicos han modificado nuestra forma de vivir, interactuar y desarrollarnos de maneras que hubieran sido imposible unos pocos años atrás. Conceptos como realidad virtual, realidad aumentada, blockchain, internet de las cosas, vehículos autónomos o edición genética eran definiciones solo para crear ciencia ficción, pero ahora forman parte de nuestra realidad tangible.

Según el Foro Económico Mundial, la inteligencia artificial, el big data, la robótica y otras tecnologías disruptivas podrían generar un impacto económico de hasta 15,7 billones de dólares para el año 2030, transformando radicalmente industrias completas y creando nuevas profesiones y habilidades humanas (y transhumanas) que hoy no existen.

Pero el verdadero potencial de esta Cuarta Revolución Industrial va más allá de lo económico. La tecnología representa una fuerza positiva que tiene el poder de mitigar algunos de los retos más acuciantes de la sociedad e impulsar un nuevo paradigma de libertad, democracia y prosperidad compartida.

Con soluciones exponenciales, podemos ya experimentar, imaginar y ver bastante viable un mundo con menos pobreza, mayor acceso educativo, servicios de salud de calidad universal, reducción de la desigualdad social y un planeta más habitable. Así como Internet democratizó el conocimiento, las innovaciones de las tecnologías disruptivas prometen democratizar la igualdad de oportunidades.

El futurista Roy Amara acuñó la famosa Ley de Amara que establece: "Tendemos a sobreestimar el efecto de una tecnología a corto plazo, pero subestimamos su efecto a largo plazo". Quizás estamos en ese punto intermedio en el que aún no comprendemos del todo hacia dónde nos llevará esta revolución tecnológica. Pero si asumimos un enfoque con visión, responsabilidad y valores éticos, podremos aprovechar el enorme potencial de la tecnología para construir un mundo pragmáticamente mejor.

Hacia una democracia aumentada

La democracia, nuestro mayor logro, se encuentra en jaque. A pesar de que ha demostrado ser el sistema político más efectivo históricamente, el descontento ciudadano con el status quo y las instituciones democráticas tradicionales viene creciendo. Según datos de Latinobarómetro, en el 2018 la insatisfacción con la democracia alcanzó un 61%, el nivel más alto en los últimos 20 años.

Sin embargo, gracias al potencial de la tecnología, estamos ante una oportunidad única de reinventar y fortalecer nuestros sistemas democráticos. Conceptos como democracia digital, democracia directa aumentada o democracia participativa, apuntan hacia un paradigma donde el ciudadano recupera el protagonismo en la toma de decisiones y con información detallada al alcance de la mano.

Un caso emblemático y que siempre resalto es Taiwán, cuyo gobierno ha implementado vPoli, una plataforma digital que permite a los ciudadanos participar directamente en propuestas de políticas públicas. Desde el año 2018 más de 4,7 millones de usuarios han contribuido con sus opiniones en temas de relevancia nacional. Esto personifica una democracia líquida, adaptable a las necesidades reales de la gente y realmente efectiva.

Por otro lado, la inteligencia artificial abre la puerta a gobiernos más efectivos y transparentes. Estonia, otrora parte de la Unión Soviética y “territorio comunista” es hoy pionera en la creación de "países digitales" donde todas las interacciones entre Estado y ciudadanos ocurren virtualmente. Desde contratos hasta votaciones, pasando por control fiscal y expedientes médicos, todo se tramita sin papeleos y con máxima trazabilidad.

Según un estudio de la Universidad de Oxford, esta aplicación de inteligencia artificial enfocada en la administración pública, puede reducir los costos operativos en un 20%, combatir la evasión fiscal en un 25%  e incluso disminuir significativamente la corrupción.

Mediante la tecnología, ahora es posible evolucionar hacia democracias de alta participación y bajo fraude. Un modelo que recupera la voz del individuo ante el Estado, ayuda a la transparencia de la gestión de lo público, y restaura la confianza en instituciones sólidas que velan por el bien colectivo. Si aprovechamos responsablemente sus beneficios, la innovación tecnológica puede sanear y darles vitalidad a los ideales democráticos.

Conocimiento liberador: educación accesible gracias a la tecnología

La educación es uno de los motores decisivos para la movilidad social y el desarrollo humano. Pero históricamente el acceso al conocimiento ha estado delimitado por factores socioeconómicos, geográficos y hasta generacionales.

Afortunadamente, en la era digital el paradigma está cambiando gracias a la democratización sin precedentes que permiten las nuevas tecnologías. Solo consideremos como cada vez más las personas tienen teléfonos móviles (unos 5 mil millones) más que un acceso a servicio sanitario decente.

Este cambio de paradigma educativo lo ejemplifican los MOOC (Massive Online Open Courses) o cursos gratis en línea que brindan las mejores Universidades del mundo y también plataformas como YouTube, que ha posibilitado que cualquier persona con conexión a internet pueda acceder a contenidos de elite creados en pro de potenciar todo tipo de habilidad y dictar todo tipo de conocimiento de manera gratuita. Por ejemplo, un joven en un área rural de cualquier país latinoamericano ahora puede tomar un curso de machine learning dictado por profesores de Stanford o MIT y obtener una certificación avalada por la institución. Este fenómeno ha permitido democratizar la educación de calidad más allá de barreras físicas o financieras.

Asimismo, el futuro del trabajo se centrará menos en el título obtenido por medio de la educación formal, y más en las habilidades blandas y técnicas que alguien pueda dominar. El Foro Económico Mundial estima que, en el año 2025, 85 millones de puestos serán desplazados por la automatización, mientras 97 millones de nuevos roles emergerán adaptados a la nueva realidad laboral.

En este contexto, las denominadas habilidades del siglo XXI como creatividad, inteligencia emocional, agilidad al aprendizaje, pensamiento crítico y alfabetización tecnológica serán indispensables.

Las opciones educativas hoy son infinitas. La tecnología aplicada a la educación representa una fuerza liberadora que derriba antiguas barreras y potencia el capital humano del futuro. El conocimiento al alcance de todos: ese es el poder transformador de la educación digital.

Inclusión e innovación: la tecnología financiera como igualador económico

Uno de los mayores impedimentos históricos para la prosperidad económica ha sido la falta de acceso a servicios financieros. Según datos del Banco Mundial, cerca de 1.700 millones de adultos no tienen cuenta bancaria, privándolos de medios seguros de pago, ahorro, crédito e inversión.

No obstante, la tecnología financiera o fintech, ha sabido innovar para bancarizar a millones de personas tradicionalmente marginadas del sistema financiero formal. Por ejemplo, en Kenia la plataforma de pagos móviles M-Pesa ha logrado una adopción del 81% entre la población, la mayoría previamente no bancarizada.

Asimismo, se estima que para el 2025 existirán cerca de 1.000 millones de usuarios de billeteras digitales en Asia y África. Servicios fintech como payTM en India, bKash en Bangladesh y Alipay en China han empoderado a millones brindando acceso a transacciones digitales seguras y de bajo costo.

El efecto dominó de la inclusión financiera digital es significativo. Un estudio del Banco Asiático de Desarrollo reveló que duplicar la penetración de servicios financieros en países en vías de desarrollo puede reducir la desigualdad de ingresos hasta en un 16% e impulsar el crecimiento económico en más de un 6% anual.

Por un futuro más prometedor

El poder de la tecnología como fuerza positiva tiene el potencial de aproximarnos a la utopía de una sociedad más libre, democrática y próspera.

Sin embargo, toda medalla tiene dos caras. Por cada posible beneficio, existen riesgos éticos que mitigar. Aspectos como la privacidad o los sesgos algorítmicos, deben abordarse con prudencia para garantizar un desarrollo tecnológico amigable a los derechos humanos.

Si bien la tecnología no es una panacea que podrá resolver todos los problemas con un “click”, sí representa la mayor oportunidad en la historia moderna para dar un salto de progreso sin precedentes.

Dependerá de nosotros orientar su fuerza creativa hacia la construcción de un mundo que refleje nuestros más altos ideales. El futuro no está escrito, y la tecnología puede ser el pincel con el cual escribamos nuevas páginas de esperanza. Con visión, valores e ingenio, el mañana puede ser definitivamente más libre, próspero y democrático.

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